AL SERVICIO TOTAL DE LOS ENFERMOS

En breve tiempo ese grupito de intrépidos hombres, capaces de toda entrega, que llevan una cruz roja en el pecho, crece. Es una vocación de generosidad que atrae a jóvenes de toda Italia, también del extranjero, porque juventud significa intrepidez, capacidad de entrega y grandeza de ideales.

Camilo se lanza con esmero a la tarea de aliviar el sufrimiento humano y brinda amor, consuelo y esperanza.

Donde hay soldados atacados de peste o en cuarentena, allí está él; donde hay un hospital lleno de enfermos por una nueva epidemia, ahí está con sus religiosos. En 1590 la carestía y la malaria causan muchas víctimas en Roma llenando las antiguas ruinas de desnutridos y enfermos; como ángel enviado desde el cielo, aparece Camilo con 8 compañeros para alejar el expectro de la muerte.

Este heroísmo conmueve al Santo Padre, quien en 1591, con un decreto erige la Compañía en Orden Religiosa de votos solemnes y con un voto especial: el de "Servir a todo enfermo aun el contagioso, a costa de la vida". Camilo y sus compañeros emiten sus votos y él es nombrado Superior General.

Camilo precede a todos con una dedicación incansable a los enfermos. Su hospital preferido es el de "Santo Spírito" de Roma, donde está el laboratorio de su caridad. Se queja de que el reloj del castillo de Santángelo corre demasiado y el tiempo no le alcanza para tantas necesidades.

La llaga le causa muchos dolores y se agrava. Parece a veces que le echara fuego; pero no le hace caso, para estar al servicio de los enfermos. Ni siquiera unos cálculos que lo molestaron en toda su vida, impiden su entrega.

 Su corazón desborda tanto que abraza la asistencia de los enfermos a domicilio, que él llama "el mar grande, el océano sin fondo y sin fin" de la caridad. Con sus religiosos ofrece ayuda y cuidado constante para salvar vidas, regalar calor humano a los graves y preparar a bien morir.

Organiza también una expedición de Padres y Hermanos al campo de batalla de Hungría y Croacia para asistir a los heridos. Es precursor de la Cruz Roja Internacional.

Al oír rumores de contagio de peste, exclama: "esta es la hora nuestra, la fiesta de la caridad" y se entrega al cuidado de los infectados.

Muchos de sus religiosos mueren mártires de la caridad. Así la plantita de Camilo va creciendo cada vez más en el amor y entrega a los enfermos.

Todos llaman a los Ministros de los Enfermos. Los invitan a Nápoles, Milán, Génova, Bolonia, Palermo, Ferrara, Florencia, Mesina, Mantua... Donde puede Camilo establece una comunidad, haciendo presente la caridad misericordiosa de Cristo hacia los enfermos.

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