UN REFORMADOR DE LA ASISTENCIA

En los hospitales de la época se desconocía la limpieza y la higiene de personas y salas. Incluso se consideraban perjudiciales para la salud el uso del agua y el cambio del aire de las salas. También la asistencia de los enfermos dejaba mucho que desear.

Camilo no puede permitir eso. El hospital es el lugar sagrado de la liturgia de la caridad cristiana. Con ardor promueve y prescribe unas reformas que parecen una revolución sanitaria. Lo tildan de "intolerable e insoportable", por sus exigencias refinadas en el aseo y asistencia.

Es la inteligencia de la caridad, que lo mueve y estimula a reformar la asistencia sanitaria y a ser "creador de una nueva escuela de caridad" (Benedicto XIV).

Organiza en la casa religiosa una escuela de enfermería práctica y enseña cómo asistir y tratar con diligencia y humanidad a cada enfermo. Escribe "las normas para servir a los enfermos", mostrando que los enfermos son el centro del hospital; por eso necesitan un servicio solícito, alegre, infatigable y respetuoso.

Hay que hacerlo todo con "la caridad y la mayor diligencia posible y con el corazón en las manos". Exige en sus religiosos y en todos los servidores de los enfermos una actitud maternal, llena de delicadeza, sensibilidad, ternura, atención y bondad.

El Papa Pío XI escribe: "Camilo apareció como el hombre enviado por Dios para servir a los enfermos y enseñar a los demás la manera de servirlos".

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