En la vida hay momentos de Dios que cambian radicalmente los caminos del hombre. El Primero de Febrero, Camilo se encuentra en el convento de San Juan Redondo, para una diligencia de los frailes de Manfredonia. Allí el guardián del Convento en tono confidencial le habla de Dios. En pocas palabras le dice: Dios es todo, el resto es nada. Camilo escucha y al día siguiente parte con su burrito.
Pero aquella conversación sigue dándole vueltas en la cabeza; por fin se arrodilla en medio del camino y decidido a no derrochar más la vida en tantas cosas vanas, como el dinero, el juego y las guerras, llorando protesta: "Soy un gran pecador. !Dame tiempo, Señor, para hacer penitencia...!, No más mundo! !No más mundo! ". Es el 2 de Febrero de 1575. Camilo tiene 25 años.
Enseguida se hace fraile capuchino, y ya es otro. Por su humildad le ponen el apodo de "Fray Humilde"; pero el borde del hábito, que le roza en el tobillo, le abre de nuevo la llaga. Otra vez va a Roma para curarse, ya hora ve a los enfermos del hospital de Santiago con otros ojos; pero su corazón lo tiene donde los Capuchinos.
Luego sana y regresa al convento (ahora lo llaman "Fray Cristóbal" por su gigante estatura, mide 1.97 cm.). Pero la llaga vuelve a abrirse y no se le cerrará nunca; entonces va de nuevo al hospital. Dios tiene otro designio para él. |
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