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Reportaje
El VIH-sida y la Iglesia

Por JUAN BOSCO VALLE
Comisión Nacional de Pastoral Social

Panorama internacional

En la actualidad ONUSIDA, la agencia de la Organización de las Naciones Unidas dedicada a la atención del síndrome de inmunodeficiencia humana adquirida (sida), reporta que esta pandemia podría haber llegado al punto más alto en los últimos años y ha empezado a reducirse. Sin embargo, todavía hay más de 33 millones de personas que viven con el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH); cada día ocurren en el mundo más de 6 mil 800 nuevas infecciones y 5 mil 800 muertes.

Muchas personas han sentido la esperanza que el tratamiento antirretroviral puede traer a sus vidas; sin embargo, en África subsahariana sólo 28 % de quienes necesitan medicamentos que salvarían su vida tiene acceso a la terapia antirretroviral altamente activa (TAAA), y seis personas adquieren la infección por cada una que inicia este tratamiento.

Ante esta realidad debemos considerar que son católicos quienes en estos momentos asisten a 25 % de los enfermos de sida del mundo, y piden más atención y cariño para las víctimas del virus, especialmente para las más desprotegidas, y proponen una prevención que respete la dignidad de la persona.

El Cardenal Javier Lozano Barragán, presidente del Pontificio Consejo para los Agentes Sanitarios, pidió en la ONU, a nombre de la Santa Sede, «aprovechar cabalmente el poder y la autoridad del Estado para hacer frente a la epidemia y dedicar presupuestos suficientes para combatir este flagelo; incrementar la educación escolar y extraescolar en los valores de la vida, el amor y el sexo, así como insistir en la igualdad del hombre y la mujer; eliminar toda forma de discriminación de los enfermos de sida; apoyarlos espiritualmente; multiplicar los centros para su debida atención; informar y educar adecuadamente sobre el sida; invitar a una mayor participación de la sociedad civil en la lucha contra el sida».

En muchos países, hasta 40 % de los servicios de salud es proporcionado por las Iglesias y otras instituciones de fe en lugares donde, de lo contrario, el acceso a éstos es escaso o sería nulo.

El ejemplo y las enseñanzas de Cristo nos llaman a responder a las necesidades de huérfanos, viudas, personas vulnerables, excluídas y extrañas en nuestros medios. El VIH y el sida han dejado en orfandad, viudez y aislamiento a muchas personas. Si bien los enfoques iniciales, innovadores y pioneros de las Iglesias para brindar prevención, cuidados y tratamiento se han convertido en estándares de atención establecidos, todavía queda mucho más por hacer.
Ante la pandemia del VIH-sida, la Iglesia Católica es uno de los proveedores de salud más grandes y comprometidos, con sus hospitales, dispensarios, clínicas, casas de acogida y asistencia en todo el mundo.
Algunas de las tareas realizadas son la prevención, compartir información exacta, el aumento de una respuesta eficaz a la pandemia, abogar para el acceso universal a los tratamientos y apoyo a la educación contra la estigmatización.

Cáritas-México y la Comisión Episcopal de Pastoral Social

Con la Campaña de sensibilización sobre VIH y SIDA «Esperanza de VIHda», de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), encomendada a la Comisión Episcopal de Pastoral Social-Cáritas en 2004, se promueven espacios tanto en la comunidad católica como en la sociedad, donde las voces puedan ser escuchadas y las historias de esperanza y de vida, sean oportunidades para convertir la mente y el corazón de nuestra Iglesia y sociedad.

En este sentido, se favoreció la creación, en 2006, de una Red de Organizaciones Eclesiales y Sociales, Basadas en la Fe Católica con trabajo en VIH y Sida, denomina «Redfe», que integra a diecinueve instituciones comprometidas en la educación, la promoción social y la defensa de los derechos humanos de las personas afectadas por el VIH-sida, así como en la atención integral y solidaria en diversos estados del País, como Jalisco, San Luis Potosí, Michoacán, Chihuahua, Estado de México, Yucatán, Nuevo León, Coahuila, Tamaulipas, Guerrero y Distrito Federal, entre otros.

El Proyecto Nacional Esperanza de VIHda, a favor de las personas portadoras del virus de inmunodeficiencia humana o enfermas de sida y sus familias, propone una serie de objetivos específicos, basada en fundamentos de el Magisterio de la Iglesia, que motive compromisos con la sociedad en general y particularmente con los afectados por el VIH.

De esta manera se refuerzan las acciones pastorales que ya se realizan en todas las diócesis como parte de la Pastoral Social-Cáritas, y se promueve la distribución de materiales e insumos (carteles, guías parroquiales, videos, oraciones) para la realización de reuniones, foros nacionales, talleres de capacitación y acompañamiento, así como la participación en eventos de carácter internacional como la Preconferencia Ecuménica y la XVII Conferencia Internacional sobre Sida, celebradas en nuestro País en agosto de 2008.

En el marco de estos eventos internacionales se presentó la Orientación Pastoral de los obispos de México para responder a los desafíos del VIH y sida: «Nuestra Fe en Acción para la Vida Digna de Nuestros Hermanos y Hermanas con VIH», en la que se llama al compromiso y a la acción frente al sufrimiento y la injusticia que sufren nuestras comunidades por esta pandemia.
Por ello queremos unir nuestras voces y nuestras acciones de solidaridad, comprometidos con la vida y la dignidad humana, y unirnos con el ánimo de que, juntos, construyamos conciencias responsables firmes y constantes que posibiliten un presente y un futuro dignos y sanos.

Con esta campaña, la Iglesia Católica, llamada a ser casa y escuela de comunión, acogida y servicio, quiere fomentar actitudes, espacios y lugares seguros, acogedores, hospitalarios y reconciliadores hacia los portadores del VIH, enfermas y enfermos de sida y sus familias, colaborando en la disminución de la discriminación y exclusión.

mujer y familia en la orientación de la iglesia católica para responder a los desafios del vih y sida

En Agosto 2008, la Comisión Episcopal para la Pastoral Social publicó un documento titulado Nuestra fe en acción para la vida digna de nuestros hermanos y hermanas con VIH. En éste señala cómo la pandemia del VIH “ha puesto al descubierto entre nosotros hondas raíces culturales que lesionan la dignidad humana y que tienen que ver con comportamientos como la violencia contra las mujeres y los niños, la cultura machista y la discriminación por diversas razones de orientación sexual”.

En el apartado dedicado a las mujeres, los jóvenes y la familia confirma el avance de los casos de VIH y Sida en la población femenina en el mundo y en México, señalando como factores que incrementan la vulnerabilidad: “la  desigualdad, el menor acceso a la educación y el contexto social machista en el que viven muchas de nuestras mujeres en nuestro país”.  Agrega que el desconocimiento de esta realidad limita la eficacia de cualquier programa de educación y prevención.

Al referirse a la familia como célula básica de la  sociedad, señala cómo: “el impacto de la pobreza, el abuso de las drogas y el alcohol, la violencia y ahora, en casos cada vez más frecuentes, la realidad del VIH en su seno”, la están resquebrajando. “Los niños y las niñas que nacen con VIH- afirma- son la expresión más dramática de esta realidad”.

Ante esta situación, la iglesia nos invita a ver el VIH y Sida desde  el ejemplo de Jesucristo, recordando la parábola del Buen Samaritano, que nos pide hacernos prójimo de las personas afectadas por el VIH, sintiendo como propias sus necesidades con una actitud de respeto, de inclusión y de amor misericordioso. Al decirnos “anda y haz tú lo mismo”, nos hace caer en la cuenta de que hacernos prójimos de nuestros hermanos y hermanas afectadas por  el VIH es un imperativo de la vida cristiana. “El rechazo y la pasividad –afirman los obispos mexicanos en el documento pastoral- nos alejan de Jesús”.

 

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