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Reportaje
Abran bien los ojos, si no quieren  que el sida se los cierre

Por Dr. Rafael Polanco Delgado

El reto del mal

Casi todos saben que el sida es un conjunto de manifestaciones severas consecuentes a la destrucción del sistema inmunológico y es provocado por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). Este virus no discrimina; su infección en la actualidad carece de cura, pero sólo se transmite en formas muy particulares y su contagio puede evitarse.
Además, se trata de un virus social, político y cultural, ya que la gravedad, las peculiaridades y las características de la enfermedad que origina, han dado lugar a dificultades éticas y legales que implican no solamente al enfermo, sino también a la sociedad, en aspectos culturales, económicos, laborales y otros más. Se trata de una amplia gama de problemas entre los que podemos mencionar, por citar algunos, los relacionados con discriminaciones, los análisis de anticuerpos en todos los ciudadanos o en poblaciones particulares; la confidencialidad y el manejo de los datos.
Todo ello es atribuible a su carácter de enfermedad infecto-contagiosa, a que se ha convertido en pandemia; a su final, siempre funesto (a pesar que los tiempos de supervivencia se han alargado mucho), y al hecho de asociarse con gran frecuencia a comportamientos relacionales «heterodoxos», en donde la responsabilidad individual es factor decisivo. Me refiero a la promiscuidad sexual, la homosexualidad y el consumo de sustancias adictivas, tanto «duras» como «blandas».

Aspectos culturales

Podemos «escarbar» en diversos ámbitos. Ante esas circunstancias aparece el posicionamiento más simple y habitual: en aquel lado se encuentra el colectivo estigmatizado, en éste nosotros, los «normales»; de aquí nos «vamos con la finta» de la distancia y el resguardo a ultranza del espacio personal.
Al mismo tiempo, depositamos toda nuestra confianza y esperanza en la ciencia y en la tecnología, y sin embargo, por el momento, ambas están fracasando ante este microorganismo.
Además, al preconizar una libertad individual sin restricciones y sin valores; al carecer de una terapia curativa eficaz, no nos queda otra opción que recurrir en última instancia a la profilaxis y a las medidas preventivas que incluyen cambios importantes en la conducta personal, confrontando «lo que no se debe hacer», con «lo que se puede hacer».
Muchísimos consideran una intromisión inaceptable el autocontrol disciplinario profiláctico, renunciando a riesgosas prácticas sexuales y al consumo de drogas de toda índole, y más si el Estado trata de vulnerar la neutralidad ética.
Con gran frecuencia, aquellos que practican conductas inseguras, suelen hacer de ellas el centro de su existencia, con lo que colocan a los demás en situaciones de peligro, sobre todo durante la fase «muda» de su enfermedad.

Aspectos económicos

No entremos aquí en el enorme costo directo, multicausal, de las víctimas de sustancias adictivas y los pacientes seropositivos.
Al destruir el VIH-sida primordialmente a jóvenes adultos, se extinguen con ellos en forma simultánea los valiosos conocimientos y experiencias que han acumulado en su formación y posteriormente, dejando así de ser útiles a la sociedad y de aportar su trabajo y su rendimiento a la economía.
Al mismo tiempo, si las personas afectadas cuentan con una familia, en gran medida ésta percibirá el deterioro socio-económico sufrido, tanto en forma cuantitativa como cualitativa.
Finalmente, la posibilidad de que los niños más pequeños sean contagiados, hace menos «rentable» la inversión en una educación y enseñanza costosas.

Aspectos laborales

En cualquier lugar de trabajo, la exposición a fluidos orgánicos o sangre contaminada con este virus, incluidos los hospitales, es muy poco probable. Cualquier empleado o trabajador cuenta con resguardo suficiente dentro de su ámbito laboral, gozando de una amplia información e instrucción, disponiendo de equipo laboral seguro, haciendo uso de prácticas adecuadas y de equipos idóneos de protección personal.
En cuanto a la solicitud o conservación de un puesto de trabajo, es rechazable cualquier discriminación o repulsa, tanto por el empleador como por sus compañeros.
Pensemos en lo aberrante que puede convertirse la circunstancia de que si una persona, por el hecho de padecer sida, no tiene acceso al trabajo; en consecuencia tampoco a un seguro; por tanto se encontrará orillada a renunciar a los prolongados y costosos tratamientos que requiere, y de resultas esa persona no tiene derecho a vivir.
Actualmente en nuestro País, al disponer amplios sectores en el campo socio-laboral de una mejor formación e información sobre este problema, se percibe una mayor tolerancia a estos enfermos, en contraposición con posturas injustas y miopes, predominantes hace escasos años.

Respuesta participante

La respuesta de la sociedad ante la problemática ocasionada por el virus está obligada a abandonar el obsoleto «modelo ideológico», inspirado en la neutralidad estatal, y debe involucrar en forma global a los poderes públicos, haciendo comprender a los ciudadanos que la libertad consiste en el ejercicio responsable de todas nuestras acciones, y no en una simple e insensata ausencia de restricciones.
Es imprescindible prevenir mediante programas integrales en todos los órdenes, impulsando el respeto a la dignidad humana y el sentido de responsabilidad, primordialmente en los ámbitos educativos familiar y escolar.
Ante la persona infectada del VIH: solidaridad, acogida y ayuda, aceptándola con los mismos derechos y deberes que los sanos, aunque exigiendo en contrapartida que eviten los riesgos de contagio; tutelando a nivel socio-laboral la dignidad de los seropositivos. Aportando el apoyo económico que permita continuar la investigación curativa y al mismo tiempo el fácil acceso a sus medicamentos, sin olvidar la creación de centros de atención dignos, para acoger a estos enfermos necesitados en su fase terminal.
En conclusión: conscientes de que los jóvenes merecen una vida sana y digna, y de que la sexualidad madura y responsable es una meta encomiable, eduquemos a nuestros hijos para la empresa del amor responsable.

 

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