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Sociedad y salud Por Dr. Jesús Humberto del Real Sánchez El diario francés Le Monde, en su edición del 8 de febrero de 2008, publicó un artículo escrito por Frédéric Lemaitre en el que pronostica una crisis alimentaria de alcance mundial. Según Lamaitre, la carne y los cereales se han tornado inaccesibles para los más pobres, especialmente en el medio rural, pero también en las ciudades. Inicia su presentación relatando que en enero de 2007 los mexicanos salieron a la calle a protestar por el aumento en el precio de la galette de maïs (la tortilla), y que en septiembre de ese mismo año, y por ese mismo motivo, asociaciones de consumidores italianos establecieron un boicot de 24 horas, para no comprar pâtes (pasta de carne). El diario italiano La Repubblica, en su edición del 29 de febrero de 2008, refiere una importante alza en los precios de los alimentos en Italia: 12.5% en el pan; 14.4% en la pasta, y 10% en la leche, mientras que la inflación fue de 2.9%. La escalada de precios en 2007 y 2008 ha sido verdaderamente impresionante. Causas del aumento de precios De acuerdo con la FAO, el BM y numerosos analistas, el alza en el precio de los alimentos se debe a los siguientes factores: a) aumento en la demanda; b) estancamiento de la oferta; c) aumento en los costos de producción y transporte, y d) desplazamiento de tierras dedicadas a la producción de alimentos, para la producción de etanol. Aumento de la demanda El mayor poder adquisitivo de chinos e indios, que demandan mayores consumos de carne y por lo tanto mayores cantidades de granos utilizados como forraje, es una de las causas. Recordemos que los habitantes de estas dos naciones representan 40% de la población mundial. El cambio de hábitos alimenticios ha conducido a que, en menos de una generación, el consumo de carne entre los chinos pasara de 20 a 50 kilos per capita, ocasionando un aumento superior a 100% en la demanda de cereales forrajeros. Además del aumento derivado de los cambios de hábitos alimenticios, hay que agregar el aumento en la demanda derivado del incremento en la población mundial, especialmente en países subdesarrollados. Estancamiento de la producción La pérdida de cosechas en Ucrania, Australia y otras regiones productoras y exportadoras de granos, debido a razones climáticas, ha ocasionado la baja más importante en las reservas de alimentos en los últimos 30 años. Europa deberá importar 15 millones de toneladas de cereales este año. A últimas fechas, debemos agregar la pérdida parcial de la cosecha de maíz en EEUU, primer productor y exportador mundial del cereal, lo que seguramente presiona a un aumento en los precios del grano. El alza constante del petróleo, que ha alcanzado precios récord en los últimos meses, encarece el costo de los alimentos por un doble efecto: primero, al aumentar el precio de los fertilizantes (la mayoría de ellos, derivada del petróleo); segundo, al aumentarse también el precio de la gasolina y, por consiguiente, el transporte de alimentos. Desplazamiento En la búsqueda de alternativas al petróleo, algunos países han dedicado extensas zonas para cultivos destinados a la producción de biocombustibles (gasolinas de origen vegetal). Muchas de esas tierras eran dedicadas anteriormente a la producción de granos para consumo humano. El cambio de uso de la tierra, por una parte, disminuye la producción de cereales para consumo humano; por la otra, aumenta los precios de los alimentos, ya que los granos dedicados a la producción de biocombustibles están ligados al precio del petróleo. El aumento de los precios El maíz, el trigo y el frijol constituyen la base alimenticia de los mexicanos. El precio internacional del maíz ha aumentado 70 % en los últimos dos años, y el trigo, 120 %, lo que se refleja en el precio de la tortilla y el pan. A principio de 2007 el precio de la tortilla oscilaba entre 5 y 6 pesos por kilo; en julio de 2008, de 10 a 12 pesos: un incremento de 100 % en año y medio. En esas mismas fechas vimos cómo el precio del bolillo, de 1.20, pasó a 2 y 3 pesos la pieza; lo mismo ocurrió con el pan dulce. Estos aumentos se deben fundamentalmente a la cotización internacional de los granos, pero también al aumento en los insumos, como el gas (cuyo precio está ligado al del petróleo) y aceites comestibles (derivados de granos). México importa cerca de 30 % de su maíz y 50 % del trigo. Aunque es autosuficiente en frijol, el precio de este alimento se ha incrementado en forma similar a los cereales, siguiendo las reglas del mercado: si los productores de maíz han aumentado sus precios, ¿por qué los del frijol no? Impacto en la cadena alimenticia El aumento del precio en los granos trae consigo más aumentos. Por ejemplo, al incrementar el precio del maíz para consumo humano, automáticamente aumenta el maíz para extracción de aceite comestible, y con ello otras fuentes vegetales de aceite, como girasol y cártamo. También han aumentado los forrajes para la producción de carne, lácteos, huevos y derivados de los mismos, incluidos los alimentos para mascotas. La respuesta del gobierno mexicano Las autoridades de nuestro País, el Presidente de la República y los secretarios de Agricultura y Economía, niegan sistemáticamente que en México pueda haber una crisis de alimentos, y afirman que se han tomado medidas para evitar el desabasto de granos; algunas de ellas son desaparecer aranceles (impuestos a la importación de alimentos) y otorgar estímulos económicos para incrementar la producción de alimentos. Eso se dijo en 2007 y, sin embargo, de poco o nada sirvió, porque los precios de los alimentos y la cadena alimenticia volvieron a presentar importantes aumentos en 2008. Los precios no se abaten sólo con disminuir aranceles, que ya estaban prácticamente «en ceros» para algunos granos por el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre México, EEUU y Canadá, nuestros principales proveedores. El etanol como responsable Un informe reciente del BM revela que el principal responsable del alza en los precios de alimentos ha sido la utilización de granos para producir etanol (alcohol utilizado como combustible, mezclado con la gasolina) en lugar de destinarlos al consumo humano. El precio de etanol está ligado al precio del petróleo. El uso de etanol en lugar de gasolina de poco ayuda en la sustitución del petróleo, ya que la producción actual no satisface más de 5 % de los requerimientos de petróleo. Según los analistas, se necesitaría dedicar 70 % de las tierras cultivables de Europa para sustituir totalmente el uso de petróleo en esa región. Para algunos, desde el punto de vista moral, producir etanol en vez de alimentos es «un crimen contra la humanidad».
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