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Reportaje Por Psic. Lilia Guadalupe Ruiz Juárez En nuestra cultura actual, que construye un altar a la eterna juventud, de piel sin arrugas, sin depósitos de grasa, de cabello «brillante y abundante» con color estupendo, donde las canas no tienen lugar; que pregona la «necesidad» de mantener una buena «capacidad amatoria» con «grado 4 de firmeza» y multiorgasmos; en una sociedad donde lo que vale es la eficiencia, la competitividad, la producción; donde la masificación, el relativismo de los valores, el estrés de la vida acelerada, la familia nuclear (que pierde los lazos con la familia extensa), transforma nuestra forma de vivir; en una sociedad donde no hay lugar ni tiempo para los ancianos y, sin embargo, se prolonga la vida cronológica, resulta difícil abordar el tema de la vejez. Por eso usamos diferentes eufemismos: «edad adulta tardía», «tercera edad», «edad de oro», «adultos mayores»... La realidad es que el proceso de envejecimiento, aunque con características no siempre agradables, será lo normal para aquellos que la vida les permita acumular años. ¿Cuándo inicia este periodo? Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el envejecimiento no es simplemente un proceso físico, sino más bien un estado mental. Así, la edad a partir de la cual se considera que una persona ha entrado en la vejez, se ha ido elevando a través de los siglos y, sobre todo, en últimas fechas. Características de la edad adulta tardía Se presenta una progresiva declinación biológica, que se manifiesta en disminución de las capacidades sensoriales, motrices y fuerza física; dificultades circulatorias y, en general, deterioro gradual del funcionamiento del organismo. Producto de este estado biológico y los factores ambientales, también se deterioran las funciones psicológicas: inteligencia, memoria, pensamiento, emociones, etcétera. Posiblemente se va perdiendo el interés por el presente, evocando constantemente el pasado y teniendo dificultades para adaptarse a la vida. Las dificultades En la sociedad actual, el hombre y la mujer que se enfrentan a la realidad del envejecimiento, es probable que vivan la etapa de su jubilación y retiro como situación de pérdida, minusvalía y marginación social; pueden empezar a percibirse como seres que ya no cuentan mucho para los demás, porque los demás no cuentan con ellos. En las familias de hoy, el abuelo y la abuela ya no aparecen como una figura presente, con papeles definidos y auxiliares en la educación de la familia; son más bien un «problema» que dificulta la vida acelerada. Así, es fácil que para muchos ancianos su autoestima (producto de su autoimagen y autovaloración) sufra un serio menoscabo. Lo que hace la diferencia Dado que en la vejez se acentúan los rasgos que distinguieron el carácter en la adultez, y el individuo ya no es capaz de ejercer un completo control y dominio de sus manifestaciones psicológicas, las personas que han tenido una adultez inmadura no saben adaptarse con facilidad a sus nuevas condiciones de vida. Entonces tienden a la desconfianza, el egoísmo, la crítica aguda (especialmente a los jóvenes) y reaccionan agriamente contra sus familiares y el ambiente social. En cambio, quienes fueron adultos maduros se adaptan mejor a su nueva situación, la viven con optimismo, buen humor y generosidad. Tareas para una ancianidad sana Según Robert Peck, los cambios en la edad adulta mayor requieren adaptaciones que permitan a la persona moverse más allá del interés por el trabajo, el bienestar físico y la sola existencia. En otras palabras, las personas ancianas necesitan encontrar nuevos intereses y nuevas fuentes de autoestima, para tomar el lugar de sus anteriores roles de trabajo y compensar pérdidas físicas. Autodefinición más amplia Trascender el ego Vivir en plenitud este último periodo de la vida es todo un reto, que requiere información, formación, preparación y aceptación. Entender, aceptar y acoger a nuestros ancianos; prepararnos a lo largo de la vida para la propia vejez y recibir con humildad las dificultades de esta etapa para vivir en plenitud, es tarea para todos: niños, jóvenes, adultos y ancianos. |
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